El cáncer es una de las principales causas de muerte a nivel mundial y un problema de salud publica en muchos países del mundo. La enfermedad en términos generales parte de una serie de cambios en las células del individuo que provocan la perdida de la funcionalidad de estas, descontrolando su crecimiento, haciéndolas inmortales, brindándoles la capacidad de migrar y proliferar en otras zonas del cuerpo (metástasis) y evadir al sistema inmune y señales del organismo.

Debido a todos estos cambios en las células cancerosas su comportamiento y forma cambia por lo cual son identificables al microscopio por un especialista medico (patólogo). Para que el patólogo pueda identificar la presencia de estas células primero se debe tomar una pequeña muestra del órgano afectado o del cual se tiene una impresión diagnostica de probable cáncer. Esta pequeña muestra recibe el nombre de “Biopsia” y puede ser tomada de cualquier parte del cuerpo.

Una vez que la biopsia pasa por un proceso de varias horas en el laboratorio el patólogo la recibe en pequeños cortes representativos que son observados, analizados y estudiados, para poder emitir un diagnóstico. En ocasiones los médicos patólogos se apoyan de pruebas moleculares e inmunohistoquímicas para ir un nivel más allá en el diagnostico de ciertos tipos de cáncer.

El diagnostico patológico sirve no solo para descartar la presencia o ausencia de cáncer si no que va más allá clasificando este y brindando recomendaciones de tratamiento que van desde la quimioterapia, la radioterapia, la inmunoterapia y la cirugía.

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